Como cada año, el 21 de septiembre, cientos de migueleños participan en la antigua tradición de acompañar la imagen de la Virgen Reina de la Paz en una procesión que es conocida como “la bajada”, en la cual fieles católicos se integran a la caravana que sale desde la ermita del cantón Las Crucitas para conmemorar y agradecer un milagro ocurrido en 1787.

Según la tradición católica, en esa ocasión el pueblo sacó la figura de la patrona migueleña en procesión y esta obró de manera milagrosa al detener un río de lava que bajó del volcán Chaparrastique y que amenazaba con sepultar la ciudad de San Miguel.

El milagro de la Virgen se agradece con una caravana que está integrada por niños vestidos con coloridos trajes que evocan la ropa que usaban los pobladores de la época y por adultos que entonan cánticos marianos y rezan el rosario. La caravana recorre más de 15 kilómetros desde su punto inicial hasta finalizar frente a la catedral de San Miguel, donde se premian los atuendos más originales y representativos.

Niños vestidos de indios así se acostumbra. Niñas con su traje de manta y sus trenzas de lana, niños con su pantalón, sombrero y matata al hombro.

La procesión de “la bajada” marca el inicio de los festejos dedicados a la patrona migueleña y copatrona de El Salvador, Virgen María, en su advocación de Reina de la Paz, pues durante dos meses la imagen de la Madre de Jesús es llevada a las diferentes parroquias de la ciudad para realizar misas, vigilias y rezos en su honor. Las festividades patronales se celebran durante noviembre.