Oscar López Portillo

LAMPREAS DE LA POLÍTICA

Las lampreas son unos peces primitivos que carecen de mandíbula y que se parecen a la anguila, tienen un cuerpo gelatinoso y bastante resbaladizo. En su boca cuentan con unos dientes córneos y con forma de ventosa. De esta forma, las lampreas, fijan a las presas que, estando vivas, les van chupando su sangre y se alimentan de ellas.

En la política sucede algo muy parecido. Son incontables y, hasta impresentables, los tipos que se dedican a sangrar instituciones o partidos políticos, hasta alcanzar sus objetivos, aun sobrepasando la legalidad. No les importa dejar a la orilla, inerte, a quien les dio de comer.

Desde nuestra Constitución, se establece que los partidos políticos legalmente constituidos son el único medio para llegar al poder. Esto lo sabemos muy bien.

Siendo francos, después del último golpe de estado, esta democracia nuestra, aún se encuentra en un estado embrionario, pues todos los días recibe palos y los actores políticos buscan salirse con la suya, sin importarles lo lícito o ilícito de sus métodos.

En estos tiempos, los piratas ya no usan parche en el ojo y pata de palo, sino que se escudan detrás de las redes sociales, con sus ordenadores, manipulando datos, y se dedican a cometer atracos cibernéticos.

La democracia, en estos tiempos, se ha convertido en una cuestión de números. Se piensa que una sociedad es democrática, por los resultados numéricos que arroja una elección, sin importar los métodos y los ardides que el vencedor utilizó para obtener sus números.

Sorprende a veces el estilo político de algunos. En democracia hablar es importante, es decir, expresar lo que se piensa.

Soraya Sáenz de Santamaria dice que «el mejor termómetro de la calidad de la democracia es el trato que se da al discrepante.»

Da la casualidad que, aunque embrionaria, esta democracia aún persiste en hacer números. Somos una sociedad enferma, con problemas históricos, donde los actos de bellaquería los llevamos hasta la política, pero, en medio de todo, seguimos siendo fieles demócratas.

Las elecciones Primarias o Internas de los partidos políticos son una réplica de las elecciones generales que organiza el Tribunal Supremo Electoral, es por eso que, cualquier método de sufragio alternativo a los que utiliza el TSE podría ser en su momento una causal de nulidad de todo el proceso.

El artículo 78 de la Constitución establece que el voto será libre, directo, igualitario y secreto. Si uno de estas condiciones falla, indudablemente, el voto en sí no es legal.

Somos buenos innovando, pero a veces la innovación, nos lleva a la nulidad, es decir, a algo que legalmente nunca existió.

Este Estado que causa repulsión a algunos, y la democracia asfixiante, permite amañar elecciones y comprarse una victoria a pulso de teléfonos, ordenadores, y de presos votando desde sus celdas. Porque al final, lo único que cuenta para las lampreas, son los números.

Antiguo Cuscatlán, 25 / 07 / 2020